Reconocimiento

Es de ley reconocer la autoría de la escultura que consta como imagen de cabecera de este blog: Se trata de la obra "Mujer en la pira" de la artista Kiki Smith.

lunes, 18 de febrero de 2013

Texto de Bocanegra para la presentación de la novela Karnaval


Presentación de la novela “KARNAVAL
Miércoles, 6 de Febrero 2013, a las 20 horas. FUNDACIÓN
CABALLERO BONALD
Presentador: José María Ruiz Vega


        
         Buenas tardes a todos y bienvenidos a este coliseo  de las letras. La Fundación Caballero Bonald, como  ya sabéis, trae como propuesta la presentación del premio Herralde de Novela, otorgado en noviembre del pasado año al escritor malagueño Juan Francisco Ferré por su obra Karnaval. Es un honor para mí hacerlo y agradezco a la Fundación la invitación.


         A veces sucede que suena el teléfono de tu casa y surge la sorpresa: se trata de la llamada de un amigo que, con el pretexto de desearte un feliz año nuevo, te arroja un envite inesperado que te deja sonado unos segundos. Mi amigo Fernando Domínguez, gerente de  esta Fundación, fue el artífice de la llamada y el instigador de que yo esté exactamente aquí. Nos conocemos desde hace más de veinte años, allá en la desaparecida Librería Alternativa, compartiendo trasiegos y encuentros con el mundillo editorial y con los propios autores. Y como antaño, ha podido constatar que todavía me quedan resquicios de temeridad, impropio  en mi edad tardía.


          Sólo aspiro a tener condescendencia por parte de Juan Francisco Ferré, aprovechando estos tiempos de carnavales tan propicios para excesos y licencias. Al público asistente les prometo brevedad y empeño.


         Cuando pregunté a Fernando que de qué escritor se trataba, él, haciendo acopio de su veteranía en estos lances, me habló primero de las excelencias del premio Herralde y luego del autor de la novela, apuntándome las ínfulas transgresoras de su escritura. Esto último me gustó.

         Conocía la noticia por la prensa, pero confieso que de Juan Francisco Ferré sabía poquísimo y por supuesto nada había leído de su obra. Y le dije en un alarde de  arrojo: –Vale Fernando, cuenta conmigo, me tiro al vacío.

         Después de colgar el teléfono noté que el miedo  se me había colado por el cuerpo. ¿Y si la novela Karnaval, con K, no me gustara?, me preguntaba. Tiene guasa presentar a un autor que el único libro que has leído de él resultara un fiasco para ti y encima tuvieras que recomendarlo a un auditorio. ¡Menuda papeleta! Al poco  me serené y descarté estos infundios ya que contaba con un buen aliado, Anagrama, una editorial que me aseguraba que la calidad literaria del libro estaba garantizada. Así que con este salvoconducto me dispuse a pasar las fronteras de Google buscando todas las entradas con  Juan Francisco Ferré. Mis miedos se disiparon cuando vi a Ferré en Youtube disertando sobre Foster Wallace, un autor que me fascina. Este hallazgo , así como su blog y afición al cine, animaron mi tarea. Sólo me  quedaba desvelar su escritura y, en una semana intensa, devoré las entrañas de Karnaval hasta el final de sus quinientas veintinueve páginas.
        
         Y Ahora hablemos del escritor y su obra:

         Juan Francisco Ferré nació en Málaga en 1962, en los 80 se doctoró en Filología Hispánica. Es  profesor-investigador de la Universidad de Brown en Estados Unidos, donde imparte clases de narrativa, cine y literatura. Colabora con artículos en diversos medios, como La Vanguardia y Diario Sur, y también en  revistas literarias como Letras Libres, Quimera, Boca de Sapo o Eñe. Es autor de las antologías El Quijote. Instrucciones de uso, aparecida en 2005  y Mutantes. Anteriormente en el año 2002 publicó la novela La vuelta al mundo, título con el que Ferré emprendería más tarde su blog literario para volcar sus aficiones y aversiones culturales, con especial énfasis en la crítica cinematográfica. En 2003 publica la novela I love you Sade, un ensayo-ficción lleno de ironía y perversiones. También en el año 2005 sale a la luz la novela La fiesta del asno que trata sobre el tema del terrorismo, traducida al francés el año pasado, y a la que Juan Goytisolo le dedica encendidos elogios. De la misma novela dice el escritor Manuel Vilas que “Ferré es un escritor de una moral incompasiva y de una invención cáustica”.
        
         Luego en el año 2006 publicó la colección de ficciones Metamorfosis®. Ferré forma parte de la Generación Nocilla, un término para algunos algo friki y  prefieren denominarla generación Afterpop. Ferré y Fernández Mallo ejercen de hermanos mayores de este movimiento donde la estética responde al exceso de simbolismo de la televisión. Las características literarias de esta generación  se resumen en la fragmentación, la interdisciplina y un rechazo a la literatura convencional. 

         Más tarde, en el año 2009, Juan Francisco Ferré irrumpe en el panorama editorial con una provocadora novela, Providence, finalista del Premio Herralde de Novela que obtuvo una buena acogida crítica, también en su edición francesa. En el 2011 publica Mímesis y Simulacro un ensayo sobre la realidad de la novela desde el Marqués de Sade hasta su admirado David Foster Wallace. El libro, en palabras de Ferré, apuesta por la novela como género mutante y transversal, promiscuo y omnívoro.
        
         Creo que no me dejo nada en el tintero, según mis indagaciones.

         He procurado leer  otro libro del autor, concretamente Metamorfosis, pero me comenta mi librero que la edición está agotada, no obstante ya estoy sumergido en su anterior novela, Providence y en verdad  ya  no me siento tan huérfano.

         Hablemos finalmente de Karnaval, con K:

         La novela Karnaval  me ha encantado. Me gustaría compartir brevemente con ustedes mi experiencia lectora de esta novela, aunque de sus entrañas y proceso creativo el autor nos dirá cosas más interesantes, después de que yo calle.

         Estamos ante un sesudo escritor que no le gusta quitar peso a la novela, ni páginas. Me encanta que el autor juegue conmigo y se extienda, cuando me atrapa su historia. La sensación que tengo después de leer Karnaval es haber asistido a una gran farsa novelesca, provocativa e insolente, que se debate en el tinglado político, económico, cultural y sexual que nos rodea a todos. Ferré ha montado un artefacto donde, la narración y el diálogo interior transcurre por derroteros de documental y crónica, donde un narrador en primera persona  se intercala con otro omnisciente para contarnos esta historia grotesca. Una historia que parte de un escándalo ocurrido en la suite de  un hotel de lujo en Nueva York y que provoca la caída del todo poderoso director del FMI. En las cartas que el protagonista envía a los poderosos de la tierra, Ratzinger, Obama, o Bill Gates, clama ante la pérdida de fe en el sistema neocapitalista y pide su redención. Denuncia con una ironía profunda todas las mascaradas del mundo llena de imaginación y pensamiento crítico. Aparece un coro de voces de pensadores y escritores, como Philip Roth, Houellebecq, Harold Bloom o de la feminista Beatriz Preciado que opinan y reflexionan  sobre el caso Strauss-Khan. En este paréntesis a mitad del libro, Ferré parece dar una tregua al lector en la trama de la historia, pero, al contrario, le aprieta las tuercas con los juicios de sus invitados sobre el malogrado protagonista.
        
         Una novela nada convencional, todo lo contrario, es fresca. Karnaval es un tinglado fragmentario en su creación que nos fabula la crisis, la quiebra democrática y también la indignación. Ferré utiliza la técnica del capítulo corto acudiendo a la fuerza del  título como sorpresa creativa: El infierno de las mujeres, La mirada asesina, El ángel exterminador, La monja sangrienta... y así hasta sus cuarenta y seis capítulos. Todo un derroche imaginativo de encabezamientos brillantes. Los seis primeros capítulos están construidos en un sólo párrafo, pero Ferré lo sostiene con frases cortas, llenas de intensidad que logran un arranque de la novela  que atrapa y amarra por las cinturas al lector.

         Karnaval es una oportunidad para el que esté harto de tanta literatura comercial. Es una ocasión de apartarse de historietas sin consistencia y novelas policiacas con olor a humedad. Karnaval es un gran acontecimiento literario para leer sin miedo. Una novela irreverente de muchos registros donde la risa inteligente, la libertad de pensamiento y el buen humor están asegurados. Y donde la provocación al lector a participar de la farsa es inevitable. “Los dioses de este mundo mueren cuando la gente deja de creer en ellos o en su poder benéfico”, dice Ferré casi al final del libro.

         Os confieso que tengo el libro lleno de anotaciones y subrayados. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con un libro. Karnaval, una novela transgresora y heterodoxa, lo ha conseguido con creces. Eso sí, Karnaval  tiene riesgo para el lector común al asistir a una complejidad creadora que requiere predisposición y Ferré lo sabe y se ayuda del humor y el esperpento como bálsamo. Es una literatura sobreabundante con un discurso poderoso, con ingenio y como dije anteriormente, con humor. Os recomiendo este libro vivamente.

        
         Es maravilloso presentar a alguien a quien apreciamos y conocemos. Siempre es un placer presentar a un autor querido y admirado. Pero como ya confesé al principio, a Juan Francisco Ferré no le conocía y nada sabía de sus libros. Ahora que le acabo de conocer y admirar su obra, esto es sencillamente un regalo impagable. Gracias Juan Francisco, felicidades  por el merecido premio y ya que estamos en tiempos de carnavales, desvélanos por favor algún secreto de tu Karnaval.

         

viernes, 8 de febrero de 2013

Bocanegra presenta Karnaval


Nuestro bloguero "Bocanegra" presentó el pasado día 6 el libro "Karnaval" de Juan Francisco Ferré y lo hizo con la calificación de sobresaliente. Desde aquí nuestro reconocimiento a tan brillante intervención.


jueves, 31 de enero de 2013

Eterno culpable



         Allá en la guardería, Faustino contempló la agresión más brutal que nunca antes viera. En un descuido de las cuidadoras, Fernandito dio a Nin un bocado en el brazo y se puso a reír con cara de inocente. Y mientras Nin gritaba, Faustino, asustado, se acercó para consolarlo y le dio un beso. En ese momento la señorita Emilia separó violentamente a los dos niños y regañó, desquiciada, al inocente Faustino, sin permitirle acercarse nunca más a su amigo. Desde ese día, cada vez que un pequeño incidente soliviantaba la frágil tranquilidad de la guardería, nadie se preocupaba en buscar al causante de la agresión, allí estaba Faustino, con cara de inocente. Y es que, según sus cuidadoras, era un niño retorcido y sin sangre, siempre dispuesto al mal.
Su fama siguió el curso del agua que del manantial pasa al arroyo. Y así, en el colegio, no había caída en el patio, alevosa agresión, hurto o infracción disciplinaria en los que no se encontraran las piernas, los puños, las manos o la voz de Faustino. Sus compañeros aprovechaban la impunidad de un culpable que soportaba estoico la crueldad de unos castigos que no debía sufrir, para, alevosamente, ensañarse con bromas de mal gusto, sabiendo, que no les iban a causar daño alguno. Y así se fue creando una coraza de indiferencia hacia los demás, un sentimiento de que sus compañeros no le incumbían, de que el mundo le resultaba ajeno.
En la lectura encontró su más elevada complacencia. Lejos de risas, de voces y carreras, tan propias de su edad, Faustino se instaló en el castillo de su soledad y armado con los libros emprendió las más nobles aventuras: estuvo en otros países, observó a gente de otros tiempos, tuvo amigos de otros mundos… Así hasta que, por la poesía, llegó al amor. Un amor presentido, en un principio, que fue tomando cuerpo, hasta doler por dentro, en la sonrisa y en las furtivas miradas de Ana, una chica de su clase, que lo trataba con una mezcla de asentimiento y rechazo.
En el último curso del instituto fue dejando atrás la indolencia con que se había venido comportando. Un desconocido impulso interior lo empujó a defender sus principios con vehemencia, a mostrar sus saberes acumulados durante aquellos años en los que había vivido tan sólo para sí y a compartir con los demás sus sentimientos, a mostrarles que sufría con sus afrentas y que gozaba con sus alabanzas, con su consideración y con su afecto como el que más. Hasta que, por fin, en el tercer trimestre de aquel curso sus compañeros lo consideraron uno más en el grupo para siempre.
Por eso, un sábado a finales de junio, cuando aparecieron los cuerpos atrozmente acuchillados de Ana y del chico con el que había empezado a salir, no ocurrió como había sucedido a lo largo de su vida, esta vez, nadie en la clase se atrevió a sugerir que aquel crimen hubiera podido ser obra de Faustino.

viernes, 25 de enero de 2013

El cuaderno francés




EL CUADERNO FRANCÉS

( Ramòn Eder)

Editorial Huacanamo


     Hace unos días me zambullí en este pequeño hallazgo literario. La sensación fue de haber nadado en un lago límpido y sereno, pero en soledad. Y aquí resalto las cualidades de este opúsculo de aforismos irresistibles y agudos que Ramón Eder me ha ofrecido en ese cuaderno. Ahora que las nuevas tecnologías nos animan a decir cosas encapsuladas en el formato de lo brevísimo, menos caracteres para que quepan más, Ramón Eder es capaz incluso de costreñir más el pensamiento y la reflexión y dice cosas como:


“Algunos versos son tan malos que resultan inolvidables”.

“La vida es una ficción basada en hechos reales”.

“El ruido es la música de los idiotas”.

“Un vicio solo se puede dejar por otro”.

“El rinoceronte parece un montón de barro cabreado”.

“Nadie es más profundo que su propio abismo”.

“Me gustan las frases que comienzan donde terminan”...



     Y como estos ejemplos hay cientos de perlas y breves líneas maestras que finalizan como colofón, con un epílogo extraordinario, donde Eder traza magistralmente las claves que sustentan al aforismo. Y concluye de la siguiente manera: “El aforismo, cuando es bueno, es el erotismo de la inteligencia”.

Limpieza de sangre




     La boca me sabía amarga, como si hubiera lamido un alambre de cobre; estaba excitado y jadeante. El trecho se me hizo eterno. Cuando alcancé a ver el pórtico de la ermita suspiré varias veces. Encima del campanario se veía un buitre posando sobre la melena de la campana, encorvado como una vieja de luto que espera en la fila del confesionario. Entonces entré a hurtadillas. No había nadie, sólo yo y un silencio largo, de acero frío. Me recliné en uno de los bancos de la capilla central, iluminada por unas mortecinas velas, buscando piedad, y sólo encontré vacío. El padre Langarica apareció tras la puerta de la sacristía. Me vio y se acercó; sacudió cariñosamente los pelos de mi cabeza inclinada y recogida entre mis manos, como dándome ánimos; y me dijo que un buen gudari nunca se amilana, porque al final ganaremos. Me extendió la mano y le entregué el arma; me dijo que al día siguiente estaría a salvo, más allá de la frontera. Pasé la noche durmiendo a rachas, protegiéndome con una manta oscura y pesada en aquel rincón del sótano. El cura volvería a por mí a las seis de la mañana; ni siquiera me dejaría asistir al entierro de Iñakí. 

     Han pasado dos días y mi familia anda loca buscándome para darme la noticia, aunque yo ya me había despedido brutalmente de mi primo en su despacho del Ayuntamiento.


Leo Bocanegra

martes, 15 de enero de 2013

Micros enero 2013



Reencarnación

     De educación cristiana, nunca creyó en la reencarnación, pero despertó siendo un ratón. Supuso que murió durante la noche; aún le dolía el estómago y un sabor amargo inundaba su boca. Su esposa lo descubrió en un rincón y, gritando, agarró una escoba y lo mató por segunda vez.

Él y él

     El maniquí del escaparate era exactamente igual a él: la misma cara, el mismo bigote, su pelo ensortijado e incluso un párpado algo caído como el suyo. Entró en el local con curiosidad y se probó las prendas que vestía su doble inanimado; cuando quiso dar un paso, su cuerpo, inmóvil, no le respondió, quedando clavado en el suelo. Los clientes se asombraron al ver un maniquí desnudo saliendo por la puerta de la tienda.

jueves, 3 de enero de 2013

Iluso



Una pareja de novios tras mucho tiempo de relación.  Un día en la  cama, después de hacer el amor, un amor normal, ella le dice “no sé por qué te empeñas en  llamarme Manuela, si mi nombre es Nadia; llevas siete años diciéndome Manuela pero me llamo  Nadia”

Él no entiende lo que le quiere decir;  considera que está bromeando y no la cree, pero ella insiste en decir que su nombre es Nadia, tanto insiste que cuando la insistencia de ella traspasa lo que cree razonable y en su cabeza se cruza la sospecha, al principio mínima, de que tal vez esté diciendo la verdad, le pregunta:

-Y por qué no me lo has dicho antes. 

-Porque en verdad a mí me da igual como tú me llames, por eso no te he dicho nada.

- ¡Ah!

- Y te voy a decir otra cosa- prosigue Manuela, digo Nadia-: no vuelvas a decir que soy de Zaragoza porque no soy de Zaragoza, soy de San Petersburgo.

Él considera, otra vez, que está de guasa y no la quiere creer, pero ella se lo repite machaconamente hasta que él comienza a admitir que tal vez tenga razón, entonces le pregunta:

-Y por qué no me  has dicho antes que eres rusa.

-Porque a mí me da igual que creas que soy de un lugar o de otro.

-¿Y el acento?, no tienes acento.


-Claro que tengo acento, todo el mundo me  dice que tengo acento, el único que no
 se ha dado cuenta eres tú. 

-¿Y por que no me lo has dicho?

- Porque a mí me da igual lo que pienses de mi acento.

-¿Y el aspecto? ¿cómo vas a ser rusa si eres morena y con los ojos negros?, tu imagen es completamente mediterránea.

-¿Que parezco mediterránea?, tú estas loco; soy alta, de piel blanquísima, con una melena lacia y  rubia casi platino, tengo los pómulos prominentes y mis ojos son como el cielo, ¿de dónde has sacado que parezco mediterránea? Además, todo el que me  conoce en cuanto me echa el ojo me lo dice ¿tú eres rusa, no?

-Perdona pero yo te veo morena, con los ojos negros y de aspecto latino como Penélope Cruz.

-Pues ya ves que no.

-Y si veías que yo te llamaba morenaza por qué no me desengañabas.

- Porque a mí me da igual que creas que soy una morenaza  de ojos negros.

Entonces él le dijo:

-Bueno, al menos será verdad que eres auxiliar administrativo y trabajas en una oficina de Bankia, ¿no?

-Tú alucinas, yo de oficinista no tengo nada, mi oficio es el más viejo del mundo después del de guardián de paraíso.

-Y esta  casa ¿no es nuestro nidito de amor?

-Qué nidito, ni nidito, esto es el club “Las chicas de Ipanema”


FIN